divendres, 26 d’agost de 2011

Child 44. Crimen en la Rusia stalinista

Año 1953, sólo ocho después del final de la II Guerra Mundial, en la URSS, Stalin llega a sus últimos días de gobierno, con mano de hierro. Las purgas se suceden unas tras otras. Cualquiera puede ser considerado traidor del estado independientemente de lo que piense o haga. En este contexto el crimen se resuelve de modo rápido. Además el estilo de vida del comunismo, donde el trabajo es lo más importante, impide que nadie sea violento y cometa ningún crimen. Eso son cosas de la infectada sociedad occidental. Este es sin duda el caldo de cultivo ideal para que un psicópata campe a sus anchas. Siempre habrá un indeseable a quien acusar de uno de sus crímenes.

Leo Stepánovich, agente del MGB (Departamento de Seguridad del Estado) se verá encaminado en una investigación para resolver muchos asesinatos, extrañamente similares, de niños por todo el país. Pero cuando leáis este libro no busquéis la típica historia tantas veces vista en películas o en novelas ambientadas en los EUA. Aquí no se pondrán en marcha todos los mecanismos del Estado y de la policía para cooperar en la investigación. No, aquí todos los crímenes están resueltos, cuestionar eso, es ir en contra del Estado. Lo peor que se puede hacer.

La historia está inspirada en Andrei Romanovich, alias Chikatilo, conocido como la Bestia de Rostov. Este psicópata nacido en Ucrania, fue autor de 53 asesinatos, con violaciones y antropofagia. Este asesino fue detenido en 1990 y cuatro años después ejecutado. Su historia fue la base para la película de 1994 Citizen X.

Sin duda se trata de un thriller bastante bueno, donde la investigación de Leo será el centro de la historia. Pero sin duda, lo que más me ha llamado la atención y creo que es lo mejor de la novela, es el retrato que se hace de la Rusia Stalinista, del modo de vida comunista y de la férrea disciplina impuesta por el gobierno. Los agentes del MGB tienen muy claro que lo primero que han de aprender es que “un agente debe enseñar a su corazón a ser cruel” sólo así se puede detener, torturar y ejecutar a tantos inocentes. Una sociedad fría, temerosa, donde las colas son las protagonista del día a día, donde salir del anonimato es el modo más rápido de acabar en un gulag o ejectuado. Imposible que mientras avanzas páginas no te venga a la cabeza la novela de Orwell, 1984.Las explicaciones que hay de la URSS me han impactado y sirven como libro de historia para recordar uno de los pasajes más terribles de la historia de Europa. No he podido evitar la tentación de copiar algunos fragmentos bastante explícitos.

En primer lugar un párrafo largo donde se puede captar el funcionamiento de la policía y la justicia soviet. “Leo no podía llegar y anunciar que había descubierto el cuerpo de aquel muchacho. En primer lugar tenía que demostrar que Varlam Babínich no sabía nada de aquello. Era la única forma de salvarlo: minar las acciones emprendidas por la milicia contra el principal sospechoso; el único sospechoso. De todas formas eso era justo lo que Nésterov le había advertido a Leo que no hiciera. Aquello significaría la apertura de un caso criminal sin sospechoso, contra personas desconocidas. El problema empeoraba por el hecho de que Babínich hubiera confesado ya. Seguramente los agentes locales del MGB se implicarían si se enteraban de que una confesión había sido rechazada por la milicia. Las confesiones eran el pilar fundamental del sistema judicial, y su veracidad debía ser protegida a cualquier precio. Si alguien se enteraba de que había habido un segundo asesinato antes de que Leo pudiera demostrar la inocencia de Babínich, podría decidir que era mucho más fácil, más simple y más seguro meterle en la cabeza al sospechoso todos los detalles necesarios: un niño de trece años, apuñalado en el bosque, al otro lado de las vías, hace varias semanas. Era una solución limpia, eficiente y que no molestaría a nadie, ni siquiera al propio Babínich, pues probablemente no se enteraría de lo que estaba pasando. Sólo había una forma de garantizar que la noticia de que había un segundo cadáver no se filtraba, y era guardar silencio. Al regresar a la estación de tren no había dado la alarma ni había llamado a sus superiores. No había informado del asesinato ni había preparado el escenario del crimen.” P.218-219

En el siguiente podemos ver cómo eran considerados los homosexuales, seguramente en muchos otros gobiernos, sobre todo dictatoriales, encontraríamos opiniones similares. “(•••) Aquellos hombres padecían una especie de enfermedad. Mientras que algunos estaban enfermos de manera muy leve y sufrían la atracción por otros hombres como quien sufre insistentes dolores de cabeza, otros lo estaban de modo peligroso, con síntomas que se manifestaban en forma de deseo por chicos jóvenes. Aquello era la homosexualidad en su variante más extrema. El asesino era uno de estos” p.233

Por último una descripción de un orfanato y de la vida allí, imposible no pensar en aquellos orfanatos chinos que en los 90’ salieron en las teles: “(•••) se dieron cuenta al ver que el suelo estaba repleto de niños sentados con las piernas cruzadas, apretados los unos contra los otros e intentando comer. Cada uno de ellos aferraba un cuenco de madera lleno de lo que parecía una caldosa sopa de coliflor. Al parecer sólo los niños mayores tenían cucharas. El resto esperaba su turno o bebía directamente del cuenco. Cuando uno de los niños terminaba, lamía la cuchara de arriba abajo antes de pasársela al siguiente.

Era la primera vez que Leo estaba en un orfanato estatal. Se acercó para examinar la habitación. No era fácil decir cuántos niños habría allí: doscientos, trescientos… tendrían entre cuatro y catorce años. Ninguno de ellos prestó atención a Leo, estaban demasiado ocupados comiendo u observando al de al lado, esperando su turno para la cuchara. No hablaban. Lo único que se oía era el rascar de los cuencos y los sorbos.” P.235-236.
El niño 44 se trata de la primera novela del inglés Tom Rob Smith y fue publicada en 2008. En fin, un libro que me ha gustado bastante y que me ha hecho conocer en más detalle uno de los psicópatas que aparecían en la obra de Juan Antonio Cebrián que leí hace años, titulada Psicokillers.

Ahhhh, por cierto, quien tenga el estómago delicado que no lea este libro.